Cansado de la prisa y el ruido de la Ciudad de México, me trasladé a vivir a Cuernavaca, Morelos. Allí encontré un ritmo distinto, más cercano a la Tierra, a los ciclos naturales y a las formas cotidianas de la Comunidad.
Comencé a recorrer los Mercados de Tepoztlán y Cuernavaca, sus parques, jardines y calles, atraído por la abundancia de su vegetación, la presencia constante de la montaña y la profundidad de sus raíces culturales. Descubrí una tradición viva que se expresa en la gastronomía, la danza, las festividades populares y los oficios que aún conservan la memoria de generaciones enteras.
Durante esos años conocí a personas extraordinarias. Compartí mesas, conversaciones, celebraciones y silencios. Aprendí a mirar de otra manera y a comprender que la vida comunitaria no es una idea romántica, sino una experiencia concreta construida día a día por quienes habitan un territorio.
Las fotografías de este periodo nacen de ese encuentro: una aproximación respetuosa a la gente, a la Danza, los paisajes, las Tradiciones y los pequeños gestos que conforman la identidad profunda de Morelos.













